Estudiar arquitectura implica hacer “entregas”, que es hacer un proyecto lo más completo posible con todas sus plantas, cortes, fachadas, perspectivas y maqueta. Hace 20 años esto requería de mucho tiempo frente al restirador, días enteros con sus largas noches y siempre habría algo mas por hacer, algo para complementar mejor la idea que se quería mostrar.
Creo que fue la primera vez en que comprendí la relatividad del tiempo, salir a hacer una compra de último momento era desesperante, ver a la gente moverse con calma, tomarse su tiempo para decidir cual papel comprar cuando la siguiente en la fila era yo, ¿cómo podían desperdiciar así el tiempo? Yo necesitaba ese tiempo, cada minuto que me hacían perder era una línea menos en un plano, un árbol menos en la maqueta, menos puntitos para representar el pasto. ¿por qué no me podían dar a mi ese tiempo que a ellos les sobraba? ¿por qué eran tan lentos?
Si tenía esos pensamientos es de imaginar el carácter irritable e insoportable que pude tener y la cantidad de desplantes que les hice a quienes me rodeaban. En particular recuerdo uno: Mi mejor amiga Yoya estaba preocupada por que yo no había salido en días y no me despegaba del restirador, decidió que necesitaba distraerme y me habló por teléfono para ir al cine, pero yo era terca y ella insistente, le colgué el teléfono…..me di cuenta de lo idiota que había sido en cuanto lo hice, y le hablé para pedir perdón, pero ya lo había hecho. Obvio que dejó de hablarme un tiempo y tardo otro tanto en invitarme al cine de nuevo, pero lo hizo.
Hacer un plano llevaba medio día y vestirlo podía llevar otro tanto, pero gran parte de ese trabajo decorativo era algo que no requería saber nada sobre el proyecto, entonces empezaron a aparecer ayudantes, primero la familia: mi hermano hacía unos árboles primorosos, mi mamá aprendió a usar el leroy y mi papá…. él me apoyaba mucho. Entonces me compré otro restirador con el pretexto de poder ver un plano para trabajar en el otro…y tener ayuda.
Al pasar de los semestres lo amigos se fueron dispersando en otros salones y las entregas las teníamos en distintos momentos. Fue a partir de entonces que las entregas se hicieron más divertidas, en el restirador de al lado era frecuente tener a alguien con quien platicar y chismear mientras dibujábamos.
El ayudante era quien preparaba el café, cambiaba el cd que llevaba horas repitiéndose, iba a comprar la tinta china, el estilógrafo 0.1 que se había roto o sacaba copias heliográficas….pero también podía llegar con cervezas, muchas ganas de platicar y pocas de ayudar.
No importaba al final si se quedaban a dibujar o solo a platicar, tener a alguien al lado era ya un placer en esos días en que no se asomaba la nariz a la puerta. También era un placer ir a ayudar, poder dibujar sin prisa y salir a hacer mandados con toda la calma del mundo. Saber que tenías quien te escuchara con toda la atención del mundo por que no se iba a ir a ningún lado, se iba a quedar ahí trazando rayitas y escuchando todo lo que le podías decir así te extendieras por horas y horas.
Ayudar en una entrega también era buen pretexto para que los pretendientes se hicieran presentes, y eran los mejores. Podían dibujar una noche entera sin descanso con tal ganarse puntos. Lo hacían bien, rápido, y sin remilgos….y bueno, yo también corrí a ayudar cuando me enamoré, puse todo mi esfuerzo y tiempo para que fuera una entrega divina….
Había ocasiones en que ya se convertía en pretexto para brindar mientras de dibujaba. En esos casos no se perdía la ocasión de ir a ayudar aunque fuera para despistar a los padres. Tomábamos coolers en vaso, en un inicio a escondidas y luego con todo descaro. Así le ayudé a Emmy….y nos cachó su papá con un cooler en la mano: - Si van a tomar háganlo bien, le voy a abrir una botella de vino.- Pero después de la botella de vino seguimos con el fra angélico y luego….creo que reprobó.
La última vez que me ayudaron fue con la tesis para enseñarme a usar AutoCAD. En la última de las entregas ya no se usaron los restiradores, pero mi amiga Lucero pasó horas enseñándome a usar un AutoCAD 7 que corría en dos.
SIIII, tengo un ataque de nostalgia!
Es recordar que las entregas eran los momentos de más estrés y angustia de ese tiempo, y que había quienes regalaban su tiempo para que esos momentos fueran mejores y divertidos, para que al final todo saliera bien en la entrega.
Yoya me llevó al cine de nuevo, mi mamá aprendió a usar el leroy, mi hermano hizo árboles, Emmy cortaba maquetas, Lucero me presentó la computadora y muchos otros me regalaron su tiempo para que yo dispusiera de el….y me lo siguen regalando.
No cualquiera te regala algo tan valioso como su tiempo.
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