
El amor…esa dulce expresión humana, ese móvil del ser humano. ¿Es realmente dulce? Algunas de las cosa que se obtiene de él pueden llegar a serlo sin duda, las melcochas son lindas. Sin embargo cuando se ama a alguien no solo se le acepta con sus virtudes, también con sus defectos y con eso no me refiero a cuestiones físicas, manías, vicios, etc. me refiero a los monstruos internos que cada uno llevamos dentro.
Esos monstruos que en muchas ocasiones no nos confesamos a nosotros mismos pueden ser evidentes para la persona que nos ama.
Ante la evidencia de un monstruo en nuestro amorcito se puede optar por la negación buscando el dulce amor perfecto que nunca llegará. Se puede ignorar, fingir que no se ha visto nada y pretender ante el amado que solo se ven sus virtudes y se toleran los defectos, pero…. los monstruos, dan miedo y se procura evadirlos hasta donde sea posible, la historia rosa siempre es más segura aunque sea solo una escenografía que se puede caer en cualquier momento ante un buen monstruo.
Ver los monstruos internos de quien se ama, conocerlos, descubrirlos poco a poco siempre infundirá temor, pero pudiera ser que también lleguen a provocar cierto morbo y por lo tanto excitación. Lo cierto es que nunca se sabe con exactitud el tamaño del ese monstruo, y lo que no se ve pero se intuye causa miedo. ¿Quién te puede ayudar cuando te enfrentas a un monstruo de esos? Su dueño tal vez, si es que permite que se vea ese lado obscuro de sí mismo, siempre y cuando este consciente de que lo tiene, independientemente de que tanto lo conozca.
Sin embargo es dificil mostrar abiertamente ese lado obscuro, nunca se sabe cual será la reacción que pueda desatar, puede ser admiración, miedo o inclusive…risa. Los monstruos tienen miedo al ridículo, son aquello que consideramos nuestra parte más ruda y que otro venga a reírse no es cortes, como tampoco lo es el pegar gritos apanicados.
Lo ideal sería afrontarlo como se ha hecho desde siempre con las cosas obscuras: con inocencia. Ver las cosas desprovisto de prejuicios, que todo lo vivido, leído y conocido no se superponga o enturbie para lograr una intuición clara. Con esto y serenidad conseguiremos el asombro que se merece un monstruo digno de llamarse así.
Paciencia, eso también se necesitaría para evitar la precipitación, contentarse con lo que se va mostrando del monstruo evitando revelaciones prematuras, ni asignarle características que no se han develado, evitar conclusiones.
En el camino se puede renunciar, ya sea por terror o por que nuestros propios monstruos reclamaban uno más grande o retorcido. Si se continúa entonces las personas que se aman se conocerán mejor. Nunca tendrán ese dulce amor ideal y el proceso será doloroso, pero quiza se amen más.
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