sábado, 10 de septiembre de 2011

Septiembre del 2001

11 de septiembre

Yo pienso que en gustos por las ciudades hay dos grandes grupos, los que aman Paris y lo que adoran Nueva York. Yo estoy en el primer grupo:

El celular de Emmy sonó dentro del glaciar, era su mamá para preguntar llorando si estábamos bien….todos levantamos la ceja. Que hablara a Suiza angustiada por algo que había pasado en Nueva York nos pareció fuera de lugar.
Al descender nos detuvimos en un chalet para comer, y ahí vimos las primeras imágenes de los aviones estrellándose contra las torres.
¿es real? Los cuatro nos lo preguntamos. Después de haber visto a Nueva York como escenario de tantas películas la pregunta no era descabellada, pero no dijimos nada fuera de eso… no después de que Loic palideciera al decir que la sede de la casa de bolsa para la que trabajaba estaba ahí.
El camino era largo, y nos detuvimos un par de veces más. En todos los chalets tenían la tele prendida, pero nadie estaba preocupado, nadie parecía darle importancia. Es más, estaban molestos por que su programación habitual había sido interrumpida, inclusive decían que ya era hora de que a EU le tocara algo así.
Pero Loic necesitaba regresar cuanto antes, y créanme que el descenso de los Alpes suizos en un porsche convertible a toda velocidad ya no es divertido, es de pánico.
La cena fue tensa y nos la pasamos viendo los noticiarios de todas las cadenas, buscando descifrar lo que había pasado, pero todos decían lo mismo. Yo me sentía afligida por Emmy y Loic, por que temían por su patrimonio totalmente invertido en esa casa de bolsa, por que no sabía como ayudarles. Pero en aquel momento me sentía fuera de esa tragedia, yo no veía como podría afectarme, lo que me preocupaba eran ellos.
Pero, pero, al otro día nosotros nos fuimos a Paris un par de días y volver a México….con la misma ruta que tuvimos de ida…..vía Nueva York….. La recomendación era llegar directamente a una agencia de viajes para confirmar el vuelo, pero lo confirmado fue que nuestro vuelo no existía más….ni el nuestro, ni ningún otro que nos pudiera llevar a casa.
Los primeros dos días hicimos lo que teníamos programado hacer desde un inicio, además e ir al aeropuerto para tener alguna noticia. Recorrimos museos, comimos delicioso, fuimos de compras y nos sentamos junto al Sena a suspirar.
Para el tercer día nos dijeron en el aeropuerto que no tenía caso que fuéramos cada día, que volviéramos dentro de dos o tres días. Estar atrapado de vacaciones en una de las ciudades más bellas y costosas, causa sentimientos encontrados. Nadie podía echarnos en cara el quedarnos más tiempo ahí, nosotros que culpa teníamos? O al menos eso pensábamos nosotros en un inicio.
Las comidas en la plaza de los Vosgos con botella de vino se convirtieron en baguetes con una copa. Los primeros días fuimos de compras, después solo veíamos lo lindos que eran los aparadores. Luego consideramos cambiar de hotel, pero en el que estábamos nos ajustaron la tarifa, si nosotros nos íbamos nadie más llegaría.
Regresamos tres días después al aeropuerto, y ya había vuelos!!!! ……..para los ancianos, personas muy enfermas y mujeres con niños, nosotros no aplicábamos: “vuelvan en dos días”
Mi familia fue la más comprensiva, lo única recomendación fue que lo gozáramos. Pero, cómo explicarle a una suegra que tiene una hija por casarse en el mes de septiembre? No lo tomo muy bien. O al jefe que no entiende por que no tomábamos un vuelo directo, hasta que él mismo averiguó que no existían.
Caminamos como locos por Paris, descubrimos nuevas rutas para llegar en las noches al barrio latino, entramos a todas las iglesias para admirar su arquitectura y por que no cobraban la entrada, lavamos ropa en la habitación y armamos tendederos por encima de la cama.
Y también platicamos, y platicamos y platicamos, por que la eso si, la plática nunca se nos terminaba. Solo que ahora nos preguntábamos cosas que parecían sensatas, como qué hacer si no podíamos volver más, a donde nos mudaríamos y al cabo de cuanto tiempo, de lo difícil que nos iba a resultar comprar ropa de invierno, porque empezábamos a pasar frio.
Después pasamos horas enteras sentados en las bancas, a la orilla de los ríos, de los parques o donde encontráramos una. Analizamos a las viejitas parisinas tan coquetas y llenas de garbo, los juegos infantiles, nos preguntamos por será que en Paris la gente carga las flores llevando el ramo hacia abajo en vez de hacia arriba, del brillo de las piedras de las calles, el tipo de bicicletas, el tipo de gente que había por zonas.
Lo que estaba claro era que estábamos solos, a merced de lo que pudiera pasar a miles de kilómetros de distancia, nadie podía ayudarnos a volver, ni a sostener la estancia. Una noche lloramos mientras permanecíamos abrazados.
Pero las mañanas siempre salíamos intentando estar felices, nos conformábamos con un pan y te del desayuno en el hotel y salíamos a seguir descubriendo Paris de la manera que fuera posible. Hasta que una mañana en el lobby nos dieron la increíble noticia de que ya había un vuelo para nosotros.
Hubo que estar en el aeropuerto 6 horas antes, nos obligaron a comprar candados para las maletas después de revisarlas minuciosamente, hicimos colas de dos horas para que nos revisaran, separaron a los hombres de las mujeres, pasamos por interrogatorios largos y pesados, nos fotografiaron…. Éramos todos los que habíamos llegado vía Nueva York. Por un momento pensé que el ingreso a los campos de concentración debieron tener un ambiente similar.
Todos las personas que tenían un aspecto ligeramente de medio oriente eran separados del grupo, sometidos a interrogatorios más extensos y no pudieron abordar, algunos inclusive con pasaporte de EU.
Regresamos vía Miami, el aeropuerto estaba desierto y la poca gente que había tenía cara de pánico. Logramos llegar a la zona de salidas pocos minutos antes del vuelo a México y el agente de seguridad miró con odio los boletos que tenían impresa la ruta de ida. Nos lo hizo saber que sino lográbamos abordar estábamos en problemas y después vino un grito bastante agresivo de: RUN!!! RUN!!!
Pocas veces he corrido con tanto miedo. Llegamos a la sala de abordaje y solo nos esperaban a nosotros al vernos venir corriendo las azafatas gritaron nuestros nombres para saber si éramos nosotros, en cuanto entramos cerraron las puertas.
Cuando llegamos a México el agente de migración nos dio la habitual bienvenida y se me hizo un nudo en la garganta.

SI, a mi me encanta Paris!. Por eso fuimos en septiembre del 2001, la otra opción era Nueva York.

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