Como a las 12:00 se escuchó el primer trompetazo, levanté la ceja y suspiré. Alguna vecina tenía serenata y a mi esas cosas nunca me causaron gran entusiasmo, continué con lo que hacía.
Para cuando empezaba la segunda canción sonó el teléfono, era mi vecina y entrañable amiga Geo:
- Amiga, hay mariachis aquí abajo.
- Si ya los escuché a alguna vecina tiene enamorado.
- Si, es para mí.
Aquí mis ojos se abrieron grandes grandes.
- Y ¿quién es?
- Asómate.
Estaba por demás preguntar y asomarme, las últimas veces que fui a su departamento siempre estaba el mismo individuo con la actitud típica del enamorado que trata de quedar bien con las amigas, pero de todos modos corrí al balcón.
- Ya lo vi, ahí está entre los árboles, ¿vas a salir?
- Si, pero baja, no quiero salir sola.
- Asshhh por Diossss, ¿qué importa? Es más, mejor que salgas solas, vives sola.
- Si, pero me da no se que ¿Ya viste los edificios de enfrente?
Por supuesto que los había visto, todos estaban en sus balcones y cuando terminó la primera canción hubo aplausos, chiflidos y hasta gritos de: ¡que salga! ¡Que salga!
Soy una amargada para esas cosas, pero quien sabe por qué no me tuvo que insistir demasiado y bajé las escaleras dando saltitos de emoción.
En cuanto salimos al balcón hubo aplausos de los aproximadamente 10 balcones vecinos, yo me coloqué en la orilla y saludé como reina de carnaval en carro alegórico mientras Geo se pegaba a la pared. El enamorado lanzaba besos y mi amiga solo sonreía.
- ¡Saluda! O ¿es que no te late el susodicho?
- Si, si, es que es eso…… si lo quiero.
- Pues ándale que acércate a la orilla para que te pueda ver.
Con toda la actitud muerde rebozo se acercó y lanzó un besito, yo lancé una carcajada pues en esta amistad quien es una romántica y extrovertida es ella. Pero ahí estábamos, ella roja roja y yo dando saltitos de emoción en el balcón.
El le gritó que bajara y ella mordiéndose las uñas dijo que no, él lanzó un beso y se lo pidió por favor. Por supuesto que yo aunque quería quedarme en el balcón fui arrastrada hasta el vestíbulo por que él tampoco estaba solo, iba con un grupito de amigos.
El encuentro fue con un gran abrazo y un beso largo, muy largo. Todos los presentes, los que estaban en sus balcones y los de abajo aplaudimos, chiflamos y cantamos con los mariachis.
En cuanto terminó el beso regresamos al balcón. La serenata debía terminar, él se desharía de los amigos y regresaría.
Todos los vecinos regresamos a donde estábamos momentos antes y poco después yo me dormí con una gran sonrisa. Ella no durmió y hasta el día de hoy tiene grandes ojeras.
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