En los últimos años cada que volvía a esa casa era por una reunión familiar, pero evitaba hacerlo. Ir así en una tarde entre semana no lo había hecho desde la infancia, y en aquel entonces si que pasó tardes enteras en el patio.
Era la casa de la abuela y con ella pasó la tarde, sentadas en patio viendo la luz pasar entre las hojas de los árboles, regañando a los perros, recogiendo moras para preparar panques, hablando de ella y de todo lo sucedido durante los últimos días.
Después se pusieron a quitar las patitas de las moras mientras platicaban, sin importar que se tardaran en contestar , sin importar que estuviera ahí en una tarde entre semana, con todo el tiempo disponible…tampoco tenía nada más que hacer, ningún trabajo pendiente y nadie en casa que esperara, nada, no había absolutamente nada más que hacer….y estaba bien que fuera así. Disfrutar de una tarde tan tranquila bajo la sombra de una mora, estaba bien, hablar sobre las cosas que habían pasado con tanto detenimiento y con la simplicidad de la abuela también estaba bien, la quería.
- Te diste cuenta de tu fragilidad, en los velorios se escuchan frases trilladas como “hoy estamos, mañana no” pero nunca pensamos aplicarlas a nosotros mismos cuando somos jóvenes. Yo soy muy vieja y se que esa frase se podría aplicar a mi, entiendo su simplicidad pero también su naturalidad. – eso lo dijo sin ningún tinte de dramatismo, como si le pidiera que fuera por más moras.
- Sin embargo, la vida puede terminar en cualquier punto, pero sería muy triste retirarse en el punto en que tu estás. –Ahí le dio risa, no pensaba irse a ningún lado y si la abuela seguía refiriéndose a eso de los velorios eso estaba digamos que fuera de cuestión.
- No te rías, ahora nos la estamos pasando muy a gusto, podrías no despertar…para los niños es muy difícil entender que no volverán a ver a alguien nunca más, es muy probable que nunca lo lleguen a aceptar aunque crezcan, tu era casi una adulta cuando aceptaste mi muerte….y los adultos van retomando su vida tratando de llenar los espacios que antes tenías tu. ¿Hay algún espacio en la vida de alguien que quisieras seguir ocupando o llegar a ocupar?- Se quedó sin responder aunque quería hacerlo, sobre todo por darse cuenta de que ahora sabía que soñaba.
- Piénsalo bien, si ahora te quedas acá sería en muchos aspectos como desaparecer y no me refiero a irse sin dejar rastro, al contrario sería como quien se va por cigarros y no regresa, esa frustración y desasosiego podrías dejar atrás, esa huella podrías dejar.
Se pusieron de pie para llevar las moras a la cocina, hicieron la masa para los panqués y los metieron al horno.
- Nos comemos un panqué y te regresas ¿sale?- Asintió pensando que pronto soltaría en llanto, pero no fue así. Se comió el panqué lo más lento que pudo tratando de conservar su sabor y olor en la mente.
- Me tengo que ir abuela, nos vemos luego.
Le dio un fuerte abrazo y un beso mientras la abuela se reia y se fue, ahora si con prisa por volver.
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