Todo empezó a girar entorno a mi, ya no importaban los sonidos alrededor, ni siquiera el dolor o el ardor en la piel. Pensé quedarme ahí en el piso sin importar lo que pudiera pasar, ya no podía hacer nada…ni siquiera levantarme.
Lo primero que pedí fue agua, pero quien me auxiliaba era precisamente un “Panchito” experto en gases lacrimógenos y me recomendó no tomarla. Se preocupó más por mi espalda, él vio como la policía antimotines me había golpeado hasta dejarme en el piso..
-Tu si tienes boleto, verdad?
- Si, pero ya no quiero entrar. Te lo regalo, yo aquí me quedo.
- Vamos a entrar, vienes con nosotros.
No me acuerdo de mucho entre que me cargaron lo punks o chavos banda y el proceso para entrar, pero fue fácil entrar juntos… ya no les importaba a los de seguridad.
Cómo iba a importarles? A quienes querían reprimir eran quienes nos habían ayudado a nosotros. Sip, hubo una equivocación y la policía reprimió a los de la puerta 6 (con boleto a nivel cancha) en vez de la 7 (chavos banda dispuestos a dar portazo), y los de la 7 atacaron por detrás a la policía para que nos dejaran en paz….una verdadera batalla campal con lucha cuerpo a cuerpo….y yo en medio tirada en el piso.
El concierto ya había comenzado y entramos al lado del escenario. Solo veía un pequeñísimo saco rojo bailando en medio y una música que ni a mi, ni a mis nuevos acompañantes nos encantaba……….pero no importó.
Tenían cresta, piercing y tatuajes, pero lloraron junto conmigo, me cargaron en hombros para que viera mejor y cantamos Da ya Think I´m Sexy…..sabíamos que nuestro incidente no se mencionaría en ningún medio, esa equivocación no se mencionaría en ningún lado, y ni siquiera yo la contaría mucho que digamos. De los quizá más de 80,000 asistentes solo a unos cuantos nos molieron a palos, para ser el primer concierto de esas dimensiones en el país era saldo blanco. Tomando en cuenta que nunca se habían hecho conciertos de esa magnitud por temor a ese tipo de incidentes era mejor callar……o al menos eso creímos todos.
Yo no se de donde sacaron hielo, pero la mitad del concierto tuvimos una bolsa que nos íbamos turnando para calmar los golpes. Y no me importó que me abrazaran para poder sostener la bolsa en mi espalda, era grato sentir que alguien podía ayudarme sin conocerme, pero también que habíamos formado parte de un evento que había marcado un cambio. Viendo ese estadio lleno y cantado supimos que habría muchos conciertos más y que eso ya no iba a parar.
Al salir me acompañaron al auto en el que llegué y nos despedimos.
- Ahí te dejamos, antes de que lleguen tus amigos…no vayan a pensar que te hicimos algo…. O que nosotros te dimos esa madriza….cómo te llamas?
Mis amigos llegaron al auto uno a uno, todos golpeados y con la cara roja por los gases. Lloramos de nuevo cuando estuvimos completos y regresamos a la ciudad.
Nunca más he vuelto a un estadio…pero a uno de mis auxiliadores si me lo encontré varios años después en un salón de clase, estudiando una maestría y como mi compañero, él seguía viviendo en tepito.
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