miércoles, 25 de enero de 2012

Venusinos.

-Entonces hay que estar asi de quieto para esperarlos? De veras no me puedo mover?
La verdad es que estar inmóvil obsevando una estrella para que bajaran los marcianos era medio incómodo.
-Si, es muy importante que no te muevas.- Contestó mi tío con una entonación que no supe si era de alegría o burla.

Estabamos los dos en el sillón, viendo viendo viendo, el tiempo se me estaba haciendo largo, y como ya no me tragaba todas las historias del tío a la primera de pronto empecé a dudar.

-Oye tío pero si es una estrella, entonces por qué tengo que verla todo el tiempo. Por que si es una estrella entonces no es una nave y tu dijiste que se iba a hacer grande de pronto por que iba bajando y que esa era la nave.
-No es una estrella
-A mi me parece una estrella, brilla.
-Es Venus, eres tu.
Chale, ya se me estaba poniendo cursi.
-ay tío, una vez me dijiste que tenías 7 enanos en el jardín y no eran 7enanos, eran 7 cachorritos.
-Si, pero estaban chiquitos, osea que estaban enanos. Y si eres tu ¿eh? ese es un lucero.
-Bueno, si no es una estrella y es Venus, entonces no es una nave.
-También es una nave, que es brillante y aprovecha para esconderse con Venus y esperar el momento ideal para bajar, pero si ven que no estas atenta van a pensar que no te importa y no van a venir.
Seguimos esperando un buen rato y nada pasaba, solo el sueño que aumentaba cada vez más, los ojos se me hacían más pesados y por momentos hasta veia dos Venus en mi esfuerzo por mantener los ojos abiertos.
-Tio, tengo sueño, no puedo abrir bien los ojos y veo doble.
-Ves doble o ves una que se separa y se hace más grande, fijate bien, no vaya a ser la nave.
-Oye y si vienen de Venus, serían venusinos en vez de marcianos y tu dijiste que vendrían marcianos.
-Bueeeeno, es que es como se les conoce comúnmente, la gente por lo regular le dice marciano a cualquier tipo de extraterrestre.

Uuuyyy hasta me desperté un poco más, igual y si era una nave, y además ¡con venusinos!, pero no volvi a ver dos y me quedé dormida.
Cuando desperté y me di cuenta de que ya era de día sentí un enojo como nunca antes había sentido contra mi tío y corrí a buscarlo para reclamarle.

-Tío, ¡no llegaron!
-Si tu te quedas dormida no es mi culpa, pero dijeron que después vendrían a verte otra vez.

Lo dijo con tanta naturalidad que desmoronó todo el enojo, me di la media vuelta y regresé al sillón para ver si el lucero de la mañana estaba ahí, para saber si había esperanza aunque fuera de ver la nave alejandose, pero no había nada.
En el desayuno ninguno de los dos hablamos, y comprendí que había una complicidad entre nosotros. Yo era una niña grande y no debíamos dejar saber a nadie que seguía creyendo en los cuentos de mi tío, y él era un adulto bastante respetable, debia ser un secreto que él creía en venusinos. Nunca dijimos nada, pero ya no me volvió a contar cuentos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario